Con el cine en la piel
Marcel Rasquin acaba de vivir lo que probablemente será uno de los mejores años de su vida: el filme “Hermano”, su ópera prima, rompió récords en taquilla, triunfó en el Festival de Moscú y en el de Huelva…. Y apenas es el comienzo

15 Dec 2010 | Cine



   

Texto: Benjamín Gáfaro / Foto: Zulay Silva

 

Hombre de contradicciones: noctámbulo y madrugador, amante del deporte y del cigarrillo, del rock y la salsa. Entre la armonía de sus propios antagonismos sobrevivió a las múltiples emociones de un año que sólo puede definir con una palabra: “vertiginoso”. Pero se trató, y ahora lo sabe, del vértigo previo a las grandes satisfacciones. La primera proyección del filme Hermano en 35 milímetros fue en la selección oficial del Festival Internacional de Cine de Moscú y allí, a miles de kilómetros de Venezuela, obtendría su primera gran alegría: el triunfo en un Festival clase A y el gran suceso comunicacional que suscitó antes del estreno nacional.

 

Lo que siguió fue una sucesión de eventos afortunados: permaneció más de 15 semanas en cartelera, se convirtió en la quinta película venezolana más taquillera, obtuvo el Colón de Oro y el premio Llave de la Libertad en el Festival de Huelva. En retrospectiva, “un año muy intenso e importante, de mucha angustia e incertidumbre, pero plagado de gratas sorpresas”. Hermano pudo dar una previa impresión al espectador no muy generosa: no había actores conocidos y se ambientaba de nuevo en los contextos urbanos periféricos de pobreza que han caracterizado a buena parte de las historias cinematográficas venezolanas. Además, un relato donde el escenario principal, de confrontación y duelo, es una cancha de fútbol, siendo Venezuela un país de béisbol. Pero el filme trascendió cualquier supuesto en su contra y logró una conexión instantánea con los espectadores: “No fue una película que hicimos por obedecer a simples pretensiones comerciales, o incluso artísticas, nosotros teníamos las necesidad de contar esta historia que, una vez que la conoces, se te queda en la piel”.

 

Parte del éxito obtenido también se debe a que Marcel logró superar los obstáculos que impone la precariedad de recursos que caracteriza al rodaje fílmico: “Todos los cineastas en Venezuela, y en cualquier parte, deben atravesar un  proceso importante de duelo, de reconciliarse con lo que tienen, y concentrarse en hacer la película que tienen, no la que no tienen, es decir, evitar esa tendencia a lamentarse por la toma que no hicieron, por el actor que no consiguieron, etcétera… porque en este oficio la tentación a quejarse es muy grande”.

 

Sin nada que lamentar pero con un futuro “deliciosamente incierto”, Rasquin continúa con el objetivo inicial que lo movió en este vertiginoso año, y ahora con la suma de una meta más: “Sigo con mi anhelo de que Hermano sea vista por más gente y estamos haciendo todas las gestiones para ver si nos trae la alegría de ser la primera película venezolana en ser nominada a un Óscar”.

 

Por ahora, ese “próximo proyecto”, que inevitablemente se plantea en modo de interrogante para el autor de una exitosa ópera prima, no le quita el sueño a Marcel Rasquin: “Si ese es ahora mi problema por haber realizado una película exitosa, pues qué delicioso problema”.






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